La desparasitación, al igual que sucede con las vacunas, dependiendo de los antiparasitarios que se usen y las circunstancias del cachorro, se deberá iniciar entre los 15 días y los 3 meses. De igual forma, en cualquier caso en que el dueño vea señales de lombrices (sobre todo en las heces), éste deberá llevar a cabo extremas medidas de higiene, como: recoger siempre las deposiciones del perro para evitar contagios a otros animales, lavarse las manos después de un contacto prolongado con el animal, evitar su saliva -que puede transportar gérmenes- y mantener al perro alejado de otras mascotas.
Para el caso de los parásitos externos, hay que usar collares antiparásitos, mantener limpio el entorno del perro, cepillarle el pelo con frecuencia y usar después algún spray insecticida; siendo los parásitos más habituales las pulgas -aparecen aunque el animal esté en las mejores condiciones-, las garrapatas -son muy peligrosas porque pueden transmitir a nuestra mascota la piroplasmosis (una enfermedad que se presenta en bovinos, equinos, ovinos y caprinos) y llegan a tener el tamaño de un guisante-, y los piojos -chupan la sangre del animal y anidan sobre su pelo pudiendo causar lesiones cutáneas de gravedad y en los cachorros una anemia grave y agotamiento del organismo-.
También es muy importante observar al perro y estar al tanto si se rasca demasiado, si se le cae el pelo, si tiene lesiones en la piel. En definitiva, la desparasitación es fundamental para que las vacunas puedan estimular de forma correcta al sistema inmunitario, protegiéndose así contra las enfermedades infecciosas que pueden ser muy graves e incluso mortales.